Lamento de Almas

Esta anécdota ocurrió aproximadamente 5 años después del terremoto ocurrido la Ciudad de México en 1985, yo tenía la edad de 18 años y recuerdo que trabajaba con mi hermano, en ocasiones le ayudaba a cobrar cheques de algunas empresas;  yo iba al banco en lo que él se daba la vuelta para buscar estacionamiento en el centro histórico.



Recuerdo que una ocasión no lo acompañé y me quedé en casa, en la noche cuando regresó me dijo que tenía un fuerte dolor en la nuca y que ya iba a acostarse a descansar, en ese entonces estaban muy de moda los walkman para escuchar música, yo tenía uno y antes de dormir me ponía escuchar, pero ese día en especial mi hermano me dijo:

- Oye, préstame tus walkman -

Se los dí y yo me recosté, al poco tiempo ya me estaba quedando dormido, derrepente sientí una pesadez muy fuerte, entonces abrí los ojos pero no podía moverme. Algo que me desconcertó y me dio mucho miedo fue que vi alrededor de mi cama un montón de gente, incluso había bebés y niños pequeños recostados en mi cama, es algo muy difícil de explicar porque después de unos segundos mi miedo se convirtió en compasión porque empecé a ver las caras tristes de la gente, se me quedaban viendo fijamente, sus rostros reflejaban tristeza y dolor, en ese momento, mi hermano se levanta de golpe de la cama y me dice:

- Mira lo que estoy escuchando en la radio - 

En ese entonces era una estación de radio que se llamaba Jazz FM y justo en el momento en que mi hermano se sobresalta yo dejo de experimentar aquella visión.

Con el repentino salto de mi hermano al fin pude moverme, entonces me levanté de mi cama y al escuchar los audífonos efectivamente en la radio se escuchaba la música de jazz pero también se escuchaban lamentos de gente que lloraba y gritaba desesperada, pedían ayuda, entonces le comenté a mi hermano:

- ¿Sabes qué?, lo que tú estás escuchando yo lo acabo de ver, alrededor de mi cama estaba viendo mucha gente -

Sentíamos los dos un ambiente energéticamente muy pesado en el cuarto, yo me paré, prendí la luz y empecé a rezar, traté de comunicarme con esa gente y les dije:

- Yo no puedo ayudarles, lo único que puedo hacer es rezar por ustedes pero no podemos hacer más -

Recuerdo que prendí una varita de incienso pero aquella noche ya no pudimos dormir, dejamos la televisión y la luz prendidas. Después de hablar nos tranquilizamos y el ambiente se sintió más ligero

Relato compartido por Juan Luis Mayer, Ciudad de México.

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