Mi amiga Mónica



La infancia es una etapa de inocencia, imaginación y juegos, edad en la que algunos disfrutamos de amigos imaginarios y creamos grandes aventuras con ellos, y es de una experiencia durante mi infancia de la que te contaré.

Mi nombre es Karina, tengo 35 años,  soy originaria de Guadalajara, Jalisco, soy la menor de tres hermanos, hijos de padres separados, y por ese motivo mi madre trabajaba todo el tiempo y mis hermanos convivían más con sus amigos que en casa.

A la edad de 7 años ya tenía que arreglármelas sola en casa, ya que era la mujercita y no tenía permitido salir, pues tenía obligaciones para que cuando mi madre llegara no lidiara con el desorden de la casa.

Un día, llegó mi abuelo materno para llevarnos a conocer  a mi abuela paterna de nombre María, yo sabía que existían pero no los conocía, incluyendo a mi padre que se fue antes de que yo naciera  y jamás regreso.

Antes de salir de casa, mi madre nos aleccionó a mis hermanos y a mi para que  no dijéramos más de la cuenta, pues mi abuela era una vieja bruja, - según decía ella- y solo buscaría el modo de joderla; nos desplazamos en el carro del abuelo hasta la vivienda de mi abuela  que se encontraba en Tateposco, era como un ranchito, en aquel entonces había muchos campos de cultivo, casas de adobe, vacas y marranos.

 Al llegar a la casa de mi abuela, mi abuelo se retiro y dijo que regresaría por nosotros al día siguiente.

Mi abuela nos recibió muy contenta y efusiva, no era lo que yo imaginaba, como mi mama  dijo que era una vieja bruja yo la imagine así, vieja, fea y con vestimenta como bruja de caricatura;  era algo diferente, alta, algo gordita y caminaba chistoso, de cabello corto con un tono rojo y ojos grandes  color miel; nos invitó a entrar a su casa y nos mostró el cuarto donde dormiríamos esa noche, la casa era grande y antigua con los cuartos alrededor y un patio enorme al centro donde tenía arboles, plantas, pollos y uno que otro pato;  pero lo que llamo más mi atención fue que al centro del patio se encontraba un pozo donde tenía infinidad de helechos y una linda banca de piedra, era el lugar ideal para jugar a las comiditas.

 Acostumbrada a estar sola inicie mi juego, pero después de un rato se acercó una niña conmigo y me pregunto que si podía jugar conmigo, tenía un aroma agradable, como el que despide la tierra cuando termina de llover, su aspecto era como el de una niña normal pero sus ropas llamaron mi atención, tenía un vestido tipo terciopelo en color verde esmeralda, su cabello era castaño al hombro y lacio,  su peinado era de media cola, sus ojos eran tristes y color café oscuro, usaba calcetas blancas a la rodilla y zapatos de charol negros... que lindos eran sus zapatos.

Mónica era su nombre, jugamos y platicamos,  ella me contó que era también la menor de siete hermanos y que vivía en la casa, que su papá tenía caballos y su mamá era costurera; ignoro cuanto tiempo pasamos jugando pero cuando caí en cuenta ya todo estaba muy oscuro, mis hermanos, abuela y tíos gritaban mi nombre. Le dije a mi nueva amiga que me tenía que ir, que al día siguiente seguiamos jugando y ella me dijo: -si claro, y me invitas a tu casa para ir a jugar-

-Si - le contesté.  

Al regresar me reprendieron mucho, me dijeron que tenían mucho tiempo buscándome y llamándome, pero en verdad juro que no los escuché; cuando mi abuela me preguntó que dónde  estaba,  le conté de mi nueva amiga, la que vive en la casa; con el rostro desencajado y muy seria me dijo:  -Karina  aquí no vive ninguna  niña-

Un tío intervino rápidamente y dijo: -a lo mejor se metió alguna vecina, ya déjenla  y mejor cenemos que tengo hambre-

Así paso la noche,  pero existía algo que no me dejaba dormir, un aroma como cuando asistes a misa invadía toda la habitación, hacía mucho frio y entre sueños se escuchaban rezos de muchas personas a lo lejos; cuando por fin pude conciliar el sueño fui víctima de espantosas pesadillas donde me perseguía un enorme cuervo que agitaba sus alas con tal fuerza que provocaba un viento fuerte y con sus enormes garras alcanzaba mis espalda y la arañaba provocando un dolor quemante.

No sé si fue el frio, que tome mucha agua o las pesadillas, pero vergonzosamente  me oriné mientras dormía;  a la mañana  siguiente, con vergüenza le confesé a mi abuela mi accidente, claro que ella me acompaño al lavadero para lavar sabanas y cobijas, y con tono burlón pregunto que si había podido dormir bien, recordando la lección de mi madre me limite a contestarle que si.

Ya casi era hora de regresar a casa, salí a buscar a mi nueva amiga Mónica, y claro que la encontré en el mismo lugar del día anterior, sentada en la banca de piedra al lado del pozo,  jugamos un rato más  y antes de irme  me volvió a decir que la invitara a mi casa  para ir a jugar,  -claro-  le dije,  te invito a mi casa, le dices a tus papas y te quedas a dormir; yo tan inocente, no sabía lo que hacía.

Mis hermanos y yo regresamos a nuestra vida habitual,  ellos en su mundo y yo en el mío.

Un día llegó Mónica,  la primera de muchas visitas más, y con ellas un grupo de extraños acontecimientos, en la casa todos teníamos malos sueños, las puertas se abrían solas sin corriente  de aire alguna, algunos objetos cambiaban de lugar. Todos los días a la misma hora se escuchaba una canica rebotar y rodar, se escuchaban voces, susurros y la casa se volvió más fría, había muchas peleas, mi mamá  se tornó más ausente y agresiva, mis hermanos se burlaban de mi, decían que estaba loca porque hablaba sola, ellos no creía en mi amiga Mónica; mi madre creyó que era una etapa,  "Mi amiga imaginaria" decía.

Así paso el tiempo y nos acostumbramos a los extraños acontecimientos, pensando que eran sonidos atrapados en la casa,  típico de las casas viejas .

Un día, mi madre por fin me creyó que Mónica era real, que en verdad existía, y fue en verano cuando mis hermanos se fueron a casa de un tío a pasar las vacaciones,  yo me quedé en casa con mi madre. Aquella ocasión, durante noche la casa se sentía más fría que de costumbre, mi madre y yo estábamos mirando televisión, en algún momento de la película el sueño nos venció, después de un rato yo comencé con otro episodio de pesadillas, pesadillas de las que no podía despertar, pero en esta ocasión Mónica estaba en ellas. Sus ojos no eran los mismos, eran grandes y con el globo ocular totalmente negro, quería que yo fuera con ella a su casa, sobre sus hombros se encontraba ese gran cuervo de garras afiladas, el cabello de Mónica estaba alborotado, sus medias sucias, su vestido rasgado; su sonrisa se dibujaba enorme con unos grandes dientes chuecos y manchados, lamía sus labios al hablar, su lengua era muy larga y me tendía su mano, sus dedos eran largos y huesudos con las uñas largas y sucias; el aroma a humo era fuerte y ahogante, tenia tanto miedo que no podía hacer más que decirle que no quería ir con ella, pero me insistió tomándome fuertemente del brazo y rasguñándome, aquel rasguño dolía mucho, me quemaba, entonces molesta me dijo:

- el tiempo se terminó, tenemos que irnos- 

Abrió su boca muy grande y se acercó a mi rostro, su aliento era pútrido y caliente,  yo ya no sabía si era sueño o realidad, entonces sentí desmayarme; de pronto mi madre me despertó echándome agua en la cara, desperté muy asustada, orinada y sudorosa, con una revoltura estomacal horrible, no podía levantarme, me sentía débil, fue entonces cuando por fin pude emitir palabras, le conté a mi madre mi espantosa pesadilla y ella asustada me dijo: -Karina, te creo- 

Al día siguiente me llevo al templo y pidió al padre que fuera a bendecir la casa; recuerdo que cuando acudió, durante el recorrido del padre por la casa se escuchaba madera tronar fuertemente y los vidrios de las ventanas se cuartearon, después de un rato de que el padre hizo su trabajo yo me sentí más ligera, la casa ya no se veía tan oscura ni se sentía tan fría.

Mi amiga Mónica jamás regresó, los sueños, los ruidos y todos esos eventos extraños de la casa no se volvieron a sentir...

Años después, cuando yo tenía 23 años, ya con todo aquello en el pasado, en un día del niño subí una fotografía mía de cuando era niña a hi5, me sorprendió mucho lo que uno de mis contactos me dijo:

 - Karina, ¿Sabías que cuando eras niña tenías a un fantasma adherido a ti? -

De inmediato recordé todo y le dije:  -¡¡No juegues!!-

entonces me contestó: -Si- y después de eso me describió a Mónica a la perfección.

Recordando esa espantosa experiencia le conté a mi madre lo que me había dicho mi amigo y ella me confeso:

 -Karina, eras muy chica para que te lo dijera, pero después de ese día te creo; aquel dia cuando tuviste esa pesadilla yo no podía despertar, te escuchaba gritar y llorar  pero no podía despertar, fue cuando comencé a rezar, después de un rato por fin pude moverme y abrir los ojos, pero lo que vi me aterrorizó, era una sombra enorme y deforme que estaba encorvada sobre ti, te sostenía del brazo y vi como tus gritos se desvanecían, tu color se tornaba gris, en la ventana que daba a la calle pude ver unos ojos rojos resplandecientes, en verdad tuve miedo por ti, entonces fui por agua bendita y se la arroje a aquella sombra; seguí rezando y esa sombra salió por la ventana ...esa fue la peor noche de mi vida-

Hoy a mis 35 años, recuerdo esa espantosa sensación y regresa el miedo, no sé si fue un fantasma, un demonio o que era, mi abuela ya no me quería en su casa después de que le dije que conocí a Mónica.


Amigos, si sus hijos tiene amigos imaginarios o platican solos, recuerden que no todo lo que les cuentan es cosa de su imaginación, podría existir otro amigo como mi amiga Mónica.

Relato de una experiencia real ocurrida a nuestra compañera Karina López.

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